Recuperar el corazón del territorio ancestral: la lucha de los Siekopai por la supervivencia - Amazon Frontlines

por Amazon Frontlines

/ septiembre 2022

  • Durante décadas, las comunidades de la nacionalidad Siekopai han luchado por recuperar sus teritorios ancestrales. Este mes de septiembre los Siekopai presentarán ante la justicia, una demanda contra el Estado ecuatoriano por no haber garantizado sus derechos.
  • Lagartococha, o Pë’këya, es el territorio ancestral y el corazón espiritual de la nacionalidad Siekopai. En 1941, la mayor parte de la nación fue desplazada durante la guerra entre Ecuador y Perú.
  • Los derechos de las comunidades indígenas a sus territorios ancestrales están respaldados tanto por el derecho internacional como las normas nacionales. Garantizar este derecho a través de títulos legales es esencial para proteger a las comunidades y los ecosistemas que sustentan.

 

Pë’këya: el corazón de la nacionalidad Siekopai

“Pë’këya es el alma de los Siekopai…Ahí está todo lo que es importante para un Siekopai y ese territorio tiene poder y valor por lo que hay en él. Muchas historias con las que yo crecí son de esa zona y no son solo historia eso explica lo que yo soy como persona y lo que es mi familia… a mí me negaron derecho de vivir ahí y yo veo crecer mis hijos sin entender que es siekopai, sin alma siekopai porque el alma esta allá.” [1] – Wilmer Piaguaje, Abuelo Siekopai

Para los pueblos indígenas, su territorio es indivisible del pasado, presente, y futuro del mismo pueblo. El pueblo Siekopai tiene su territorio ancestral y su epicentro espiritual en un lugar que se llama Pë’këya, también conocido como Lagartococha. Es un conjunto de lagunas, islas, riachuelos, y ríos. Un lugar lleno de vida. El mismo nombre, Pë’këya, se refiere a la gran cantidad de caimanes que viven en el río.

De izquierda a derecha: miembros de la comunidad de Siekopai junto a un árbol Ceiba. Una mujer prepara un caimán recién cazado.

Los territorios indígenas son indispensables para la supervivencia colectiva y la continuidad de la cultura. Pë’këya es el núcleo de la espiritualidad, la memoria, y el conocimiento de la nacionalidad Siekopai. Se extiende en la Amazonía occidental a ambos lados de la frontera entre Ecuador y Perú. Es un espacio de movilidad, conexión, rituales, y educación cultural. Una esfera de inestimable valor cosmológico, místico, e histórico. Una fuente de medicina, materiales de construcción, y alimentos. Como señala unos de los líderes de la nacionalidad Siekopai, Justino Piaguaje, “[Pë’këya] es nuestro territorio, nuestra sangre, nuestro lugar de nacimiento, y la base de nuestra cosmovisión”:

“Pë’këya es el sitio más sagrado del territorio. Allí está mi ombligo y los huesos de mi papá, de mi mamá y de mis abuelos. Allí inicie las sendas del camino hacia la sabiduría plena de los Siekopai, sin que nadie nos moleste, hasta que los primeros intrusos y extraños, llegaron a nuestras tierras a sembrar terror y contagiar enfermedades.” – Don Cesario Payaguaje, venerado líder y chamán siekopai

Lagartococha se encuentra cerca del sitio sagrado de Ñañë-Jupo, la cascada donde habitaba el dios Ñañë-Paina. Es un sitio de proximidad a los Ñañë-Siekopai, los seres míticos que transmiten el legado de la cultura Siekopai, dan sentido a la vida de los Siekopai, y permiten que la gente Siekopai se sienta, piense y actúe como Siekopai.

Pë’këya es un espacio con niveles de biodiversidad excepcionales incluso dentro de la Amazonía, la selva con mayor biodiversidad del mundo. La memoria biocultural, que es la práctica de proteger la biblioteca de la vida y de nutrirla y aprender de ella, es central en la cultura Siekopai. El conocimiento etnobotánico y etnobiológico de los Siekopai es reconocido y considerado como uno de los más importantes de las Américas. Pë’këya es el núcleo de este conocimiento, un hogar de especies y ecosistemas únicos que solo se pueden encontrar allí. Cada semilla, cada especie, y cada ser es el resumen de una relación de coexistencia con una historia de interacciones vividas.

Estos seres, que se mantienen sobre todo en Pë’këya, son indispensables para la arquitectura, la espiritualidad, la nutrición, y la medicina tradicional de los Siekopai. Los árboles Wankuneo (aniba) son fundamentales para la construcción de los techos de los tuikë (también conocidos como malocas, o casas espirituales) y para la obtención de madera que repela insectos y que es esencial para las viviendas. El yatzo es utilizado para la elaboración de cuencos y otras cerámicas. El manglar de guazay se usa para fabricar utensilios de pesca y curar fracturas. Los árboles aunpoo, tsasa, y tara dan frutos comestibles y nutritivos. La topografía única de Lagartococha permite una alta concentración de gosa (palma ungurahua), cuyos frutos son ricos en valor nutricional y se utilizan para suplementar la alimentación de los bebés. Los ancianos de la comunidad, como Erodia Payaguaje, viajan varias veces al año a Pë’këya para cosechar estos frutos.

Leorvis Payaguaje, una madre Siekopai, rema por el río Aguarico hacia Lagartococha en la frontera entre Ecuador y Perú.

Pë’këya también alberga múltiples seres relevantes para las ceremonias sagradas de yagé (ayahuasca). Estos seres son indispensables para el auto conocimiento y la comunicación con los ancestros. Por ejemplo, para prepararse para la ceremonia, los bebedores de yagé deben alimentarse de ciertos peces de río como la bunitya y el pacu, que se alimentan de frutas y flores. Las plantas conoguako, wasoka, y cuje se utilizan para incienso sagrado, perfumes y velas. El árbol de sojo, cuya esencia se mezcla con la resina del árbol de wansoka (sorva), se utiliza en la limpieza de las casas ceremoniales. La planta Ëko, que crece en las orillas de la laguna, es necesaria para la purificación.

De izquierda a derecha: el líder Siekopai, Justino Piaguaje, ayuda a recolectar plantas y cortezas de árboles en Lagartococha durante el pico de la pandemia de COVID-19. Vegetalistas siekopai experimentaron con diferentes combinaciones de plantas medicinales para desarrollar un remedio eficaz que ayudó a la nacionalidad a superar el virus.

Pë’këya, especialmente en el área de Kwiñajaira, ha sido un sitio de provisión de medicamentos a lo largo de siglos de resistencia a las enfermedades traídas por la colonización. Durante los períodos más graves de la pandemia de COVID-19, los miembros de la comunidad de Siekopai siguieron la tradición de sus antepasados ​​y regresaron a Pë’këya para buscar refugio y para encontrar medicamentos, tanto para su comunidad como para los demás. La memoria oral incluye historias de ancestros que recurrieron a plantas específicas durante la época de la gripe española de 1918. A partir de este recuerdo, se recolectaron plantas medicinales como la toñajora y la quina (cinchona), y se compartieron estos conocimientos con muchas otras comunidades indígenas.

“Lagartococha me representa a mi como un lugar…porque aquí el pueblo siekopai se siente como su pueblo natal.” – Alfredo Payaguaje, Siekopai abuelo & vegetalista

En la cosmología Siekopai, Pë’këya, a través de sus aguas, pantanos, espíritus, y seres que viajan por todas partes, representa un portal sagrado hacia el mundo acuático y la sabiduría ancestral que ese mundo contiene. Un chamán y líder tradicional que tiene 112 años, Don Cesario Piyaguaje, explica que “Para los Siekopai Pë’këya es la casa, la morada del mundo acuático. Es lo que se conoce como gran biodiversidad, porque hay mucha agua, árboles, animales. En la concepción cultural, la biodiversidad se compone de espíritus que están procreando, y constituye una puerta, un camino de salida de este a otro mundo, el mundo acuático. Existen muchos peces, manatíes, delfines, tortugas, bagres, anacondas.” Este lugar es también el cementerio de muchos ancianos Siekopai. Como explica Maruja Payaguaje, “Ahí está el ombligo de mis abuelos, por eso seguimos sintiendo y queremos regresar, no por destruir sino por seguir viviendo, no es un problema de tierras, no de donde irse a vivir, es un tema de esencia de espíritu, desde ahí tejimos la relación con otros pueblos.”

Históricamente, Lagartococha era un punto de encuentro, intercambio de conocimientos y ceremonias de yagé compartidas entre diferentes familias y comunidades de la nacionalidad Siekopai, dada su singular cercanía con los espíritus del agua, el bosque, y el cielo. Desde los inicios de la colonización, Pë’këya también fue un espacio de refugio, accesible solo a través de rutas laberínticas, para proteger la vida y la continuidad de la cultura Siekopai de los europeos y sus amenazas.

Jóvenes siekopai reman en una canoa en Lagartococha.

Las comunidades indígenas necesitan territorios protegidos, ya que tales territorios ofrecen protección comunal. La comunidad Siekopai hoy, con una población de alrededor de 700 personas, está en riesgo de extinción cultural, como resultado de la asimilación y el desplazamiento forzados. Como señala Don Cesario Payaguaje, “Por eso, es vital, el territorio sagrado de los Siekopai en Lagartococha, para que los jóvenes no dejen de ser Siekopai y sigan transmitiendo nuestra cultura de generación a generación. Es el territorio escogido por nuestro Dios Ñañë-Paina.”

Sin embargo, durante décadas, el Estado ecuatoriano se ha negado a reconocer y entregar un título de propiedad ancestral sobre Pë’këya a la nacionalidad Siekopai. En un mundo gobernado por una concepción occidental de las leyes, donde los derechos formales de propiedad privada son supremos, la protección jurídica es la piedra angular para la protección del territorio ancestral. La memoria oral de los Siekopai recuerda que generaciones han vivido en Pë’kë’ya durante muchos siglos; antiguos mapas coloniales españoles de la Corte Imperial de Quito de 1779, que anteceden a la existencia del Estado ecuatoriano, también señalan la presencia de Siekopai en Pë’kë’ya.

1779 mapa del general militar español Francisco Requena presentado a la Real Audiencia de Quito. El río Lagartococha se muestra como el río “Puquilla”, una interpretación españolizada de “Pë’kë’ya”.

 

Parte II: Las causas del desplazamiento y la opresión

Desde la colonización, el pueblo Siekopai, al igual que todos los pueblos indígenas de las Américas, ha sido objeto reiteradamente de intentos violentos de desplazar, dominar y reprimir a la comunidad. Las misiones religiosas colonizadoras, las grandes empresas del caucho, los gobiernos en guerra y, más recientemente, los intentos de los estados de crear “áreas protegidas” para la conservación, han buscado desarraigar siglos de existencia de los Siekopai.

A mediados de la década de 1860, los misioneros jesuitas y franciscanos, seguidos por los recolectores de caucho, trajeron enfermedades como la gripe, la viruela, y el sarampión a las poblaciones de Siekopai. Las plantaciones de caucho impusieron la esclavitud y la servidumbre por deudas, diezmando a la comunidad.

De izquierda a derecha: miembros de comunidades Siekopai con vestimenta tradicional; Siekopai hombres con instrumentos; miembros de una familia Siekopai con un misionero evangélico, Orville Johnson; Miembros de una familia Siekopai reciben copias del Nuevo Testamento traducido su idioma, Paicoca. Fotos de la década de 1990 por el Instituto de Lingüística de Verano

En 1941 estalló la guerra entre Perú y Ecuador. El territorio ancestral de Pë’këya, ubicado en la frontera de ambos estados en conflicto, fue declarado área de “interés de seguridad nacional” y fue rápidamente militarizado. Se establecieron campamentos y puestos militares donde antes habían casas espirituales.

La guerra fue un enorme golpe contra el tejido social-territorial de la nación Siekopai y su forma de existir sin fronteras. Ambos ejércitos nacionales consideraron a la nación Siekopai como espías. Se erigió una frontera militarizada entre Perú y Ecuador, separando a las familias y desarraigando a la nación Siekopai de su hogar. Muchas familias (hermanos, primos, padres, hijos) fueron divididas y fragmentadas. Algunos nunca se pudieron volver a encontrar; otros solo se verían después de décadas.

Muchos Siekopai, según la memoria oral del anciano Mariano Piyaguaje, huyeron de su territorio para evitar ser reclutados contra su voluntad para la guerra. Durante la próxima década, el río Lagartococha se convertiría en una línea de suministro militar y sus costas verían combates periódicos. Las comunidades desplazadas de Siekopai se vieron obligadas a asentarse lejos de su tierra ancestral, alejadas de las plantas, los animales, y los sitios que les han dado vida y claridad. Muchas de esas familias desplazadas permanecen hoy en territorios empobrecidos, rodeadas de empresas petroleras y plantaciones de palma.

Durante y después de la guerra, por décadas, los Siekopai han tratado de regresar a su tierra natal, solo para enfrentar la detención y el abuso por parte de las autoridades militares. Sin embargo, incluso durante los períodos más violentos y militarizados, muchas familias Siekopai arriesgaron sus vidas atravesando rutas ocultas para regresar constantemente a Pë’këya para pescar, recolectar alimentos, y realizar ceremonias.

“No estamos peleando por cantidad de tierras, es la zona, es el lugar, es el espíritu, es lo que uno como siekopai puede sentir están ahí que no pasa en ningún otro lugar, solo ahí siekopai puede sentir libre.” – Colón Piaguaje, abuelo & promotor de salud comunitaria

En 1979, la creación de la Reserva de Producción de Fauna Cuyabeno, un área protegida en el noreste de la Amazonía ecuatoriana, ocasionó otro golpe contra la soberanía de los Siekopai. En 1991 la reserva se amplió para incluir a Lagartococha. Desde 1992 en adelante, las comunidades Siekopai han estado solicitando al Ministerio del Ambiente de Ecuador para encontrar un acuerdo para que las familias Siekopai regresen a Lagartococha. En 1998, la firma de un acuerdo de paz entre Ecuador y Perú animó a los Siekopai a intensificar sus esfuerzos.

 

Parte III: Luchas por la Justicia

El derecho internacional y la Constitución del Ecuador reconocen que los territorios ancestrales son propiedad en posesión de los pueblos y nacionalidades indígenas. Durante décadas, los Siekopai han luchado por la justicia, exigiendo que el Estado ecuatoriano respete las normas constitucionales del Ecuador y el derecho internacional.

El líder Siekopai, Justino Piaguaje, durante una reunión el Ministerio del Medio Ambiente de Ecuador.

¿Por qué es tan importante la titulación legal y la garantía de los derechos al territorio ancestral? Desde la perspectiva del derecho occidental, un título de propiedad da seguridad jurídica a las comunidades frente a terceros. Como dice Jorge Acero, abogado de Amazon Frontlines que colabora en el caso, el título de propiedad “garantiza a las comunidades indígenas la custodia pacífica de sus territorios.”

El derecho a la propiedad ancestral está íntimamente ligado a otros derechos, como el derecho al autogobierno, a la autonomía, a la alimentación, y a la medicina.

Lagartococha es hoy considerada por la ley ecuatoriana un “área protegida”, luego de una decisión del Ministerio del Ambiente, Agua, y Transición Ecológica del país, tomada sin ninguna consulta previa a la nacionalidad Siekopai. Durante las últimas décadas, miles de hectáreas de tierras indígenas fueron designadas como “áreas protegidas,” sin el consentimiento de los pueblos indígenas. Hasta la fecha, el Ministerio del Ambiente no ha designado ni entregado un solo título de propiedad ancestral en un área protegida.

El Estado ecuatoriano y especialmente el Ministerio del Ambiente son claramente culpables de las continuas violaciones de los derechos de los pueblos y nacionalidades indígenas, consagrados tanto en la Constitución del Ecuador como en el derecho internacional. El Ministerio del Ambiente ha alegado que carece de un ‘instructivo’ técnico, es decir, la guía técnica detallada sobre cómo otorgar un título de propiedad ancestral. Pero tanto el derecho internacional como la Constitución del Ecuador son claros: no se pueden excusar en la ausencia de una guía técnica para vulnerar derechos . Además, la orientación técnica incluso para trámites legales complejos, con la debida voluntad política, no debería tomar demasiado tiempo.

En 2017, la nacionalidad Siekopai solicitó formalmente al Ministerio del Ambiente de Ecuador la entrega del título de propiedad de su territorio ancestral. Después de demoras por parte del Ministerio, en 2019, la comunidad presentó su caso a la Defensoría del Pueblo de Ecuador sobre las violaciones de los derechos comunales en torno a la falta de entrega del título. La Defensoría del Pueblo falló a favor de la comunidad, instando a la entrega urgente del título de propiedad.

Sin embargo, el Ministerio del Ambiente, aunque conoce este caso desde hace décadas, y a pesar de tener pleno conocimiento de las violaciones de derechos, aún no ha actuado. Su falta de acción persiste a pesar de la solicitud formal de título presentada en 2017 y la decisión de la Defensoría del Pueblo.

A la izquierda: El Pueblo Siekopai marcha hacia la Corte Provincial para presentar su demanda contra el Gobierno ecuatoriano, septiembre de 2022. A la derecha: Cinco niños Siekopai son demandantes en la acción de protección.

Y así, ayer, la nacionalidad Siekopai demandandó al gobierno ecuatoriano por las violaciones a su derecho de propiedad ancestral en Lagartococha. Además, la nacionalidad Siekopai está denunciando al Estado por no garantizar sus derechos, que es una obligación exigida por el derecho internacional y nacional.

La demanda legal para obtener un título de propiedad sobre alrededor de 42 mil hectáreas se ha basado en un proceso comunitario de mapeo. La comunidad ha utilizando cámaras, receptores GPS, imágenes satelitales, drones aéreos, y muchos otros instrumentos para georeferenciar y documentar colectivamente el alcance de su territorio ancestral.

Después de siglos de injusticia a partir de la colonización, y a 81 años desde la guerra entre Ecuador y Perú que desplazó por la fuerza a los Siekopai de Lagartococha, es inaceptable que el Estado ecuatoriano se demore en la entrega de derechos territoriales. Las acciones e inacciones del Estado han profundizado la marginación histórica de la nacionalidad Siekopai y la violación sistemática de los derechos indígenas. Los derechos territoriales ancestrales son vías para la supervivencia. Para garantizar los múltiples derechos del pueblo Siekopai, es necesario proteger su derecho al territorio y garantizar la soberanía Siekopai,.

 

Parte IV: Implicaciones Internacionales

Las garantías jurídicas aseguran los derechos de los pueblos y nacionalidades indígenas a sus territorios frente a terceros. Estas garantías son esenciales por múltiples motivos: por razones de justicia, ya que las comunidades merecen que se respeten sus derechos; por razones de protección, ya que la titulación formal puede limitar la posibilidad de intrusión por parte de intereses empresariales que se aprovechan de una propiedad si no existe titulación formal; por razones de revitalización y supervivencia cultural, ya que la protección territorial es indispensable para que las comunidades puedan crear y recrear su cultura; y por razones ecológicas, ya que la titulación es fundamental para proteger la Amazonía, uno de los sumideros de carbono más grandes del mundo.

La titulación no es una concesión por parte del gobierno, sino un reconocimiento de vínculos ancestrales con el territorio. Es un reconocimiento de que un pueblo indígena tiene derecho sobre sus territorios por ser los primeros en habitarlos. La titulación y el derecho al territorio nos indica la interdependencia entre derechos. Un territorio es lo que permite a una comunidad garantizar su supervivencia física y cultural. El derecho a la vida, el derecho a la alimentación, el derecho a la medicina, el derecho a una relación espiritual con la tierra, y muchos otros derechos más, dependen del derecho al territorio.

Los ancianos y jóvenes siekopai se unen para reclamar su territorio ancestral, Lagartococha.

Obtener el título de propiedad ancestral sobre Lagartococha es un paso fundamental para que la nacionalidad Siekopai tenga garantías sobre los espacios indispensables para su supervivencia cultural.

Nos corresponde visibilizar la violación sistemática de los derechos territoriales y presionar al Estado ecuatoriano para que reconozca el territorio ancestral de los Siekopai. El Estado debe reparar sus históricas violaciones de los derechos de los pueblos y nacionalidades indígenas, tomando acciones concretas para proteger las relaciones de las comunidades con sus territorios. La lucha se extiende también a muchos otros territorios. Más de 3 millones de hectáreas de territorio indígena están acaparados en el sistema anticuado e disfuncional de los parques nacionales del Ecuador, aún sin ningún título para los pueblos y nacionalidades que siempre habitaron esos territorios. A través de su lucha, los Siekopai esperan recuperar su territorio ancestral y sentar un precedente para decenas de otros grupos indígenas en Ecuador que han sido desplazados de sus territorios ancestrales. La vitalidad de las culturas indígenas se basa en la vitalidad de los paisajes y la fuerza de la protección mutua. Las comunidades indígenas de todo el mundo son los principales guardianes de la memoria y la diversidad biocultural. El territorio, donde la memoria interactúa con la tierra, donde la cultura es indivisible de la naturaleza, es sagrado y digno de protección en todas partes.

 

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