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April 2026 /

Crónicas / Cultura /

FOTO ENSAYO

Por Alex Lucitante, nacionalidad A’i Kofán

Hermanos y hermanas indígenas de diez nacionalidades, que trabajamos en la comunicación comunitaria, nos juntamos en el Norte de la Amazonía ecuatoriana para hacer memoria de todos los impactos que nos ha provocado la colonización y la actividad de la extracción petrolera.

Estuardo Nenquimo, joven waorani, contempla un mechero encendido en Sucumbíos, al norte de la Amazonía ecuatoriana.
Judy Piaguaje, del pueblo Siekopai, frente a “Lago 1”, el primer pozo petrolero del norte amazónico ecuatoriano.
Magdalena Quenamá y Tamara Alvarado, del pueblo Kofán, delante de infraestructura petrolera, en lo que alguna vez fue territorio de sus abuelos.

Una extracción de violencia y muerte, que durante más de sesenta años ha invadido nuestros espacios, violentado a nuestras familias, a las mujeres y a nuestro territorio. Lugares que antes eran sagrados y llenos de vida y que hoy están muriendo lentamente. Selva que para nuestros mayores y para nosotros es refugio, alimento y seguridad. Monte, que han cuidado nuestros espíritus y nuestros abuelos y abuelas y que han tenido que soportar no solo la contaminación, sino también el dolor de perder a sus hijos e hijas.

Desde la década de los 60, la explotación de la industria petrolera ha afectado a la población de Sucumbíos, Orellana y Napo en Ecuador, ahí se encuentran los pueblos indígenas Kofan, Siekopai, Siona, Waorani, Kichwa y Shuar.

Comunicadores de diez nacionalidades amazónicas del Ecuador recorren mecheros, pozos y derrames, evidenciando más de cinco décadas de impacto de la industria petrolera en el país.
Donald Moncayo, de la UDAPT, denuncia los daños ambientales y de salud que aún afectan a comunidades indígenas y campesinas.

Nos juntamos porque nuestros pueblos son alegres y resilientes y hemos aprendido a buscarnos la vida y encontrar salidas y soluciones. Queríamos que nuestros jóvenes, de diferentes nacionalidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana, puedan realmente ver, oler, comprender y vivir a sangre fría el verdadero significado del petróleo en el Norte del Ecuador y llevar este mensaje a sus comunidades para seguir fortaleciendo entre todos y todas, tejiendo la unidad y la fuerza contra el saqueo y la explotación. Recordando siempre, las palabras de nuestros mayores y nuestra fuerza espiritual, que es la que nos conduce por el camino de la esperanza.

En un sitio “remediado” por Chevron, el petróleo aún brota desde la superficie de la tierra.

Un estudio que ha analizado 50 años de derrames petroleros en Ecuador evidencia graves riesgos ambientales, para la salud y de alimentación: contacto directo con fauna (daños orgánicos y muerte), contaminación de la cadena alimentaria por metales pesados (bioacumulación), afectación de suelo y vegetación por salinidad, y dispersión de contaminantes por el agua. Las comunidades expuestas presentan mayor incidencia de cáncer, malformaciones y trastornos psicológicos por metales pesados. 




De las 12 millones de hectáreas de selva tropical que abarca la Amazonía ecuatoriana, el 68% ha sido concesionada por el gobierno a las petroleras.

En 52 años, el oleoducto Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) ha sufrido al menos77 derrames, liberando 742.041 barriles de crudo en ríos, selvas y costas.

Uno de los derrames recientes y de mayor impacto ocurrió entre el 7 y 8 de abril de 2020. La ruptura de tres oleoductos derramó al menos 15.800 barriles de crudo en los ríos Coca y Napo. Afectó a 105 comunidades (120 mil personas, incluyendo 27 mil kichwas) en Ecuador y se extendió hasta Perú. En 2026 continuan los litigios en defensa de los afectados por estos derrames.

Emeregildo Criollo, abuelo kofán, comparte su memoria como sobreviviente de la primera incursión petrolera junto a Alex Lucitante (kofán) y Ronald Dagua (andwa).
Dete Buesaquillo y Estuardo Nenquimo observan los campos petroleros del norte, en el contexto de una nueva ronda de licitación petrolera que amenaza con expandirse hacia su territorio, en la provincia de Pastaza, dentro del territorio waorani.

Esta experiencia en el norte, ayudó a abrir los ojos de los jóvenes y vivenciar, aunque sea por unos días, lo que significa la explotación petrolera. Ahora, que el Estado ecuatoriano pretende, una vez más, impulsar una ola de expansión petrolera que afectará a los territorios de la Amazonía, es imprescindible defender la casa común. Levantar la voz ya no es una opción, es una necesidad urgente para poder contar al mundo lo que pasa en nuestros territorios y que muchas veces no se mira.

Desde nuestras palabras, desde nuestras imágenes, desde nuestra forma de entender el mundo, la comunicación es nuestra arma de defensa. Es denuncia frente a la injusticia, es memoria frente al olvido y es resistencia frente a quienes quieren imponerse sobre nosotros.

En medio del cauce del río Aguarico, comunicadores despliegan una pancarta como un mensaje de resistencia frente al avance de la industria petrolera en sus territorios. 

Créditos.
Fotografías: William Kano y Ezequiel Mojo. | Texto: Alex Lucitante | Edición: Sophie Pinchetti y Raúl Estrada | Coordinación: Nico Kingman y Jerónimo Zúñiga.

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