


Amazon Frontlines y Alianza Ceibo invitaron a más de 20 futuros docentes en este viaje como parte del programa de Educación Propia, cuyo propósito es recuperar la memoria ancestral para la preservación de la identidad cultural en las próximas generaciones.
En el Centro Takiwasi, las plantas maestras fueron empleadas en procesos terapéuticos y ceremonias que ayudaron a los jóvenes a sanar conflictos internos marcados por las amenazas del extractivismo en sus territorios. La lectura de sus diarios implicó acompañarlos en un viaje físico y espiritual lleno de aprendizajes. Este texto honra esas voces, esas experiencias, en un formato de diario colectivo.

Sentimos miedo al subirnos a la canoa porque nos dijeron que viajaríamos cuatro días por río y por tierra a Tarapoto, Perú. Para muchos, esta era la primera vez que salíamos de Ecuador, lejos de nuestras familias y comunidades.
Supimos que adentrábamos en un territorio ajeno cuando vimos la grandeza de los ríos Napo y Marañón. Cuando descubrimos la diversidad de los árboles y las plantas a sus alrededores. Nos sorprendieron los moretes, los lagos pantanosos y las huellas del extractivismo. Era la vasta Amazonía peruana que esperaba por nosotros.
El miedo fue disolviéndose al recordar que teníamos un propósito por el cual continuar. Habíamos embarcado en esta aventura en nombre de nuestros abuelos y de la educación propia.
Fue por esta razón que aceptamos la invitación de Amazon Frontlines y Alianza Ceibo a un viaje de más de mil kilómetros a Takiwasi. Durante el proceso de preparación nos entregaron un diario. Escribimos nuestras impresiones y sensaciones, dibujamos el paisaje en busca de un significado. A mitad de camino renovamos el pacto de transmitir la sabiduría ancestral a las próximas generaciones.
Pero nos hacía falta un cambio imprescindible.



Ana Nenquimo / Waorani
Fui observando los paisajes grandes, los ríos, los lagos y pensando qué es lo que yo quiero hacer y qué es lo que quiero dejar.
También vi las empresas petroleras instaladas a lo largo del río. Me sorprendió que, aunque estaban allí, las casas de la gente que vivía cerca eran muy humildes. En ese momento, pensé: si alguna empresa entra a nuestro territorio, ¿se aprovechará de nosotros?

Wilmer Piaguaje / Sikeopaai, coordinador de Educación Propia
Antes que no había ni GPS, ni nada, nuestros grandes chamanes cruzaban por el medio de estas montañas. Y ahora que nosotros estábamos viajando, las tres nacionalidades, A’i Kofán, Siekopaai y Waorani, pensamos que nuestros abuelos navegaron por aquí en busca de la sal, no solamente para consumir, sino porque era un mineral importante para la cultura.

Sonia Hernández / A’i Kofán
Don Wilmer contaba las historias de que los abuelos salían a buscar la sal. Se sentía algo lindo porque estábamos en la actualidad, movilizándonos a mil. ¿Los mayores cuánto tiempo demoraban? Decían que salían pequeños y regresaban ya grandes o adultos…
Nuestros abuelos no navegaban durante cuatro días como nosotros. Recorrían este mismo sendero en canoa durante meses. Recolectaban la sal en bloques y la utilizaban para la conservación de sus alimentos. La sal era parte de su cultura espiritual, protegía a la comunidad.
Le decían la ‘Ruta de la Sal’ hasta que la colonización llegó a nuestros territorios y trajo eso que llaman codicia y comercialización. Luego vino la guerra entre Ecuador y Perú en 1941, que alteró la ruta y desplazó a la nación Siekopaa̲i hacia Perú.
Nuestros abuelos sufrieron la pérdida de su territorio ancestral, el corazón de su origen histórico y simbólico. Familias enteras fueron divididas por culpa de un cordón fronterizo militarizado.
Desde entonces nos enfrentamos a los esfuerzos por erradicar nuestra historia al recuperar la memoria y las prácticas ancestrales. A través de la educación propia fomentamos una pedagogía más cercana a la que existe en nuestro territorio desde hace miles de años. Es como resistimos. Una manera de supervivencia.




Patricia Peñaherrera / Líder del Programa de Educación Propia, Amazon Frontlines
La educación ha sido un instrumento terrible. No solamente hemos aprendido a leer y a escribir, a sumar y a restar […] lo que han hecho es también transmitirnos una serie de condicionamientos, de valores, de prejuicios y de oscuridades que nos han dejado heridas muy grandes. Entre nosotros viven tiempos históricos de discriminación, de maltrato, de colonización y todo esto a través de la educación, además de otros factores sociales.
Nuestro propósito en la formación de docentes es que los dinamizadores comunitarios de educación propia que estamos en contacto con niños y niñas hagamos procesos de maduración personal que nos ayuden a superar estas heridas.
En el presente nosotras debemos relacionarnos con niños y niñas renovando nuestro espíritu docente y sin proyectar estás cargas del pasado. La propuesta de Takiwasi era así de sencilla: era encontrar un lugar serio, responsable en donde la medicina amazónica pueda operar profundamente. Actuar a profundidad sanando ciertas cosas de la salud, sanando ciertas cosas de las emociones.

Wilmer Piaguaje / Sikeopaai, coordinador de Educación Propia
Es un viaje físico, es un viaje espiritual.
Takiwasi no es un centro donde están los pueblos originarios de Perú, no, es un centro que está pensado para personas con adicción, alcoholismo […] pero todo lo que aplican allí son medicinas ancestrales.
Había que fortalecer los saberes con las plantas medicinales, el buen uso de las plantas y el enraizamiento cultural. Ellos tienen que ser los maestros que reciben la educación primero y luego la comparten con los niños y siguen aprendiendo con los mayores. Esa es la dinámica que estamos buscando.

Elkin Piyahuaje / Siekopaai
Primero como que había miedo por las cosas que puedan suceder porque no conocíamos qué actividades teníamos que enfrentarnos. Pero también quería sanar ciertas cosas. El proceso de purga, la toma de yagé (ayahuasca) y la dieta fueron un reto para nosotros.
Entendimos la importancia de curar el cuerpo, transformar nuestro interior y volver a las prácticas ancestrales. A nuestra llegada, tomamos un laxante para limpiar el cuerpo fatigado del viaje. Comenzamos a conversar entre nosotros y a preguntar por nuestras familias en Ecuador; discutimos sobre lo que nos preocupaba. Había una mezcla de nervios y emoción.
Veníamos de distintos pueblos, pero nos uniría el cambio.



Yurema Piaguaje / Siekopaai
Esta decisión fue para mí, para curar las heridas que llevo dentro de mí. ¿Cómo puedo sacar lo que tengo adentro? Llegamos a Takiwasi y todo fue diferente. Fue muy bonito para mí, fue la primera vez que iba a tomar yagé.
Pienso que nosotros debemos dar talleres a los niños y ser el ejemplo como futuros dinamizadores. Mostrarles a los niños las costumbres, los saberes ancestrales.

Wilmer Piaguaje / Sikeopaai, coordinador de Educación Propia
Este espacio no es para aprender a ser chamán, un curandero, no es para ser un llamador de guanganas, es un espacio educativo, un espacio de apoyo a sanación.

Elkin Piyahuaje / Siekopaai
Es una hermosa mañana, me levanté pensando como mi vida va a cambiar después de este seminario, muchas emociones encontradas, mi mamá en una salud muy complicada. Por eso dije que esto me ayudará a salir de los problemas.
Si yo tengo miedo, entonces puedo transmitir mi miedo a los demás. Debo sanar para luego poder estar integrado a la comunidad. También qué cosas podemos hacer para concientizar a la gente, para que vayan en buenos pasos, o buenos caminos y sobre todo fortalecer la identidad cultural.
Las sesiones de purga estaban en manos de las plantas maestras como la azucena. Luego nos dijeron que el baño de limpieza y purificación era gracias a la acción curativa y protectora de la mucura, un ritual previo a la toma de ayahuasca.
Nadie esperaba que fuera así, pero había plantas para cada tipo de proceso de sanación que necesitábamos. Cada planta conservaba una energía compatible con el propósito espiritual.
Aprendimos de ellas; nos entregamos a ellas.
Algunos recibieron la albahaca, que calma la mente y refresca el espíritu; el ajo sacha, que refuerza la autoestima y la decisión; la bobinsana, que abre el corazón y provee estabilidad emocional; el huayruro, que limpia los patrones generacionales; y el aire sacha, que alivia los dolores de cabeza.

Albahaca
Calma la mente y refresca el espíritu.

Ajo sacha
Refuerza la autoestima y la decisión.

Bobinsana
Abre el corazón y provee estabilidad emocional

Huayruro
Limpia los patrones generacionales.

Aire sacha
Alivia los dolores de cabeza.

Ariana Narváez / A'i Kofán
La verdad es que yo conozco muy poco de las plantas, pero para mí fue algo muy increíble el poder que tiene una planta. Porque la medicina también está dentro de nuestra cultura y también hay que enseñarles a los niños. Es la medicina que nuestros abuelos hacían.
En la purga, antes de tomar la medicina, le pedí que me ayudara a sanar el dolor que llevo. A mí la planta me ayudó a relajarme [...] Me liberó de todo ese mal que yo tenía en mí. Para mí fue muy hermoso.

Abel Nenquimo / Waorani
Me enseñaron cómo hay que preparar las plantas medicinales, cómo hay que hacer para tomar, tanto para baño de plantas y para la medicina vomitiva, para la purga y también toma de yajé.
Nos habíamos preguntado cómo era posible que el poder del yagé estuviera en manos de mestizos y blancos. Pero las plantas nos despejaron estas clases de preguntas. Ya no había miedo. Tampoco deambulaban las especulaciones sobre el bien y el mal en nuestras cabezas.
El curandero empezó a cantar los ícaros. Sin apuro, terapéuticamente. La noche transcurría lenta, de repente. Nos habían dicho que aparecerían visiones que no nos gustarían, pero de eso se trataba.


Teníamos prohibido hablar entre nosotros, pero nos escuchamos llorar, vomitar y rezar al ritmo de los ícaros. Aunque a ratos en un idioma indescifrable, los ícaros eran la melodía de la naturaleza.
Esa fue la energía que curó nuestras luchas internas al entrar la madrugada.
En la hora del silencio.

Ana Nenquimo / Waorani
Todos estábamos en la choza esperando un momento a los maestros. Yo sentía miedo. Luego que todos tomamos Ayahuasca, nos apagaron las luces y yo mantuve los ojos cerrados y empezaron a cantar los ícaros.
Sentía que los colores me tocaban el corazón, entraban por mis ojos y luego desaparecían suavemente.
Sentí que me conecté más profundamente con la tierra, el fuego y el aire. Todo lo que estaba cerrado dentro de mí comenzó a abrirse. Agradecí a cada elemento y dije: “Aquí estoy yo; sigo con ustedes”.

Abel Nenquimo / Waorani
Tuve sueños medio raros, venían a atacarme, tanto con cuchillos como con lanzas. Entré a un túnel y ahí peleamos. Yo me defendí para salvarme y salvar a algunos niños. Creo que estaba peleando esa planta medicinal con las enfermedades que yo tenía.
Después de la purga y las tomas de yagé, seguimos con una dieta de cuatro días. Nos explicaron que este era un paso importante para que las plantas maestras actuaran con mayor profundidad en nuestros cuerpos.
En esos días nos aislamos; nos alojamos en cabañas. La dieta consistía en comida ligera sin sal, solo arroz y avena sin ningún condimento. Esta era la manera de que ninguna sustancia tóxica bloqueara nuestra sensibilidad. Le hicimos frente a esas emociones reprimidas que fueron parte de nosotros por tanto tiempo.
Escuchamos la corriente del río, el golpe de la cascada. Los diarios nos hicieron compañía. No nos dejaron solos. Los diarios reflejaban el aprendizaje y la sanación que experimentamos durante todo el viaje.
El contacto con la naturaleza y los diarios fueron el contacto con nuestro mundo interior.



Ariana Narváez / A'i Kofán
Me siento mucho más animada, mucho más alegre, con ganas de seguir.

Abel Nenquimo / Waorani
En mi casa hice baño de plantas cuatro veces pero aún me falta practicar más. Hoy estoy feliz, contento, antes no era así.

Ana Nenquimo / Waorani
Me ayudó bastante porque tengo que seguir fortaleciendo nuestras prácticas culturales y seguir transmitiéndolas para que los niños no dejen eso, nuestras raíces.

Elkin Piyahuaje/Siekopaai
Hoy en la mañana, me he sentido muy bien, me he levantado con el sonido de la naturaleza, el sonido del río que está a la bajada de la cabaña, el canto de las aves, todos estos cantos me han hecho tener confianza en mí mismo.
En la madrugada tomé un baño en el río; me sentí tan fresco. Luego regresé a mi cabaña. Y ahora estoy tratando de analizar y pensar qué quiero hacer.




Nos pidieron que escribiéramos en un papel los hábitos y las sensaciones a los que renunciaríamos. En otro, los compromisos a los que nos aferraríamos. Este era uno de los últimos encuentros, alrededor de una fogata. El miedo del inicio se convirtió en certeza al final del viaje. Cada uno de nosotros leyó las renuncias y los compromisos en voz alta. La sinceridad era la norma del ejercicio de reflexión. Nos escuchamos y nos aceptamos. Tiramos los papeles con las renuncias al fuego. Vimos las cenizas salpicar. El humo que se desvanecía en la noche.
Estábamos sanando.
Este acto supuso la renovación de nuestros compromisos, los mismos que habíamos escrito en el papel y que llevaríamos con nosotros de regreso a casa, a nuestras familias, a nuestros territorios.
En nuestras manos estaba el futuro de la educación propia.

Créditos
Estudiantes participantes, fotografías, texto de diarios, testimonios e ilustraciones: Angie Nenquimo / Carmen Simbaña / Abel Nenquimo / Mireya Nenquimo / Sisa Caiga / Ariana Andy / Sonia Hernández / Alfredo Criollo / Wilfrido Lucitante / Yurema Piaguaje / Madilson Piaguaje / Eber Piaguaje / Davixon Lusitande / Elkin Piyahuaje
Coordinación de proyecto: Michelle Gachet
Entrevistas: Michelle Gachet y Erika Castillo
Edición y texto: Kervy Robles
Acompañamiento editorial: Erika Castillo y Alejandra Pérez
Ilustración y animación de mapa: Morelia Mendúa y Shen Aguinda
Diseño, montaje, ilustraciones digitales y desarrollo web: Omar Torres Bobadilla
Agradecimientos
Patricia Peñaherrera (Coordinación con los equipos de Educación Propia de Amazon Frontlines y Alianza Ceibo) y Wilmer Piaguaje (Coordinación Educación Siekopai)